Los azulejos son el arte más democrático de Portugal: están en los palacios y en las fachadas de los edificios modestos, en las estaciones de tren y en los bares de barrio, en las iglesias más ricas y en las escaleras de las casas de vecinos. Entender los azulejos es entender Portugal.
Historia: Cinco Siglos de Arte Cerámico
La palabra 'azulejo' viene del árabe 'az-zulayj', que significa 'pequeña piedra pulida'. Los primeros azulejos llegaron a Portugal desde Al-Ándalus (la España mora) en el siglo XV. El rey Manuel I los importó de Sevilla para decorar el Palácio de Sintra, y pueden verse todavía hoy: azulejos geométricos de colores brillantes, sin figuras, en el estilo árabe-mudéjar.
Durante el siglo XVI, Portugal empezó a producir sus propios azulejos, bajo la influencia de la cerámica italiana (majólica) traída por los contactos comerciales del Imperio. Los azulejos pasaron de ser decoración de suelos y zócalos a revestir paredes enteras, interiores de iglesias y fachadas de edificios. En el siglo XVII apareció el característico azul y blanco (inspirado en la porcelana china y en los azulejos holandeses de Delft) que se asocia hoy con Portugal en todo el mundo.
El Siglo de Oro del Azulejo: 1700-1750
El siglo XVIII fue el período de mayor esplendor del azulejo portugués. Los paneles narrativos de azul y blanco cubrían las paredes de palacios, quintas e iglesias con escenas mitológicas, históricas o bíblicas que llegaban a medir decenas de metros. El pintor y azulejista más importante de la época fue António de Oliveira Bernardes, cuyos paneles en la Iglesia de São Lourenço de Almancil (Algarve) son considerados la obra cumbre del género.
En Lisboa, el mejor ejemplo de este período son los paneles del Mirador de Santa Luzia, en Alfama, que representan la Praça do Comércio antes del terremoto de 1755 y la reconquista del castillo a los moros. Los azulejos en la fachada de la Iglesia de São Vicente de Fora narran las fábulas de La Fontaine en 38 paneles.
El Museo Nacional do Azulejo: La Visita Imprescindible
El Museu Nacional do Azulejo en Lisboa es, sin discusión, el mejor lugar del mundo para entender el azulejo portugués. Instalado en el antiguo convento de Madre de Deus (siglo XVI), el museo tiene una colección de 23.000 piezas que cubre toda la historia del azulejo desde el siglo XV hasta el arte contemporáneo. La visita más emocionante es el Gran Panorama de Lisboa, un panel de 23 metros de largo que representa el skyline de Lisboa antes del terremoto de 1755. Es la única imagen fiel de cómo era la ciudad antes de la catástrofe.
Tip local
El Museu do Azulejo está a 20 minutos del centro en el bus 718 o el tranvía 28E. Vale muchísimo la pena la visita, aunque sea solo para ver el Gran Panorama. La tienda del museo tiene azulejos originales de todas las épocas y reproducciones de calidad.
Los Mejores Azulejos de Lisboa: Una Ruta
Además del museo, Lisboa es en sí misma un museo de azulejos al aire libre. En Alfama, casi cada esquina tiene su sorpresa: fachadas de casas cubiertas de azulejos desgastados, escaleras interiores decoradas, pequeñas capillas con retablos de cerámica. El Mirador de Santa Luzia tiene los paneles históricos más fotografiados de la ciudad. La Iglesia de São Vicente de Fora tiene los paneles más narrativos.
En las estaciones de metro de Lisboa, los azulejos del siglo XX son una galería de arte gratuita. La estación de Parque tiene murales de Maria Keil; Picoas tiene obras de Eduardo Nery; Olaias tiene una decoración total que convierte el andén en una obra de arte contemporáneo. Muchos lisboetas van específicamente a visitar las estaciones de metro por su valor artístico.
Y en los mercados de antigüedades —la Feira da Ladra los martes y sábados, varios anticuarios en Alfama— se pueden comprar azulejos históricos auténticos, rescatados de edificios en demolición, que son el souvenir más genuino que puedes llevarte de Lisboa.



