La primera vez que subí al Mirador da Senhora do Monte fue por accidente. Me había perdido buscando una tasca que alguien me había recomendado en Graça, y de repente, al girar una esquina, la ciudad entera se desplegó ante mí como un mapa vivo. El Tajo brillaba dorado, el castillo parecía flotar sobre los tejados rojizos, y comprendí por qué llaman a Lisboa la ciudad de las siete colinas.
📍 Cómo llegar
Empieza en Graça (tranvía 28/12 o bus 734) y baja caminando hacia Alfama y Baixa para encadenar miradores sin repetir cuestas.
⏰ Mejor hora para ir
Amanecer o 30-45 minutos antes del atardecer para mejor luz y menos gente.
Desde entonces he subido a cada mirador de esta ciudad —algunos decenas de veces— y puedo decirte que no todos merecen el esfuerzo de la caminata. Hay miradores masificados donde apenas puedes respirar, otros que son joyas escondidas, y algunos que solo cobran sentido a ciertas horas del día. Esta guía nace de años caminando estas cuestas, maderas pulidas por generaciones de manos en las barandillas, y atardeceres compartidos con desconocidos que se convierten en amigos por unos minutos.
1. Mirador da Senhora do Monte — El preferido de quienes viven aquí
Si preguntas a cualquier lisboeta dónde ve el atardecer, probablemente te mande aquí. Está apartado del circuito habitual, lo que filtra naturalmente a la mayoría de visitantes. El camino de subida atraviesa callejones residenciales donde la ropa cuelga de las ventanas y los vecinos charlan en las puertas. Cuando llegas arriba, la recompensa es una panorámica de 180 grados que abarca desde el Castelo de São Jorge hasta el Puente 25 de Abril.
La pequeña ermita del siglo XVI que da nombre al lugar añade un toque de solemnidad. No hay quiosco ni cafetería —solo bancos de piedra y una explanada donde sentarse—, así que conviene llevar algo de beber. Los atardeceres aquí tienen algo distinto: el sol desciende justo detrás del Castillo, creando siluetas dramáticas contra un cielo que pasa del dorado al rosa en cuestión de minutos.
💡Llega al menos 40 minutos antes de la puesta de sol si quieres un buen sitio en el banco principal. Los fines de semana acuden parejas locales y grupos de amigos con guitarras, creando un ambiente íntimo que rara vez encontrarás en miradores céntricos.
2. Mirador de Santa Luzia — La postal que todo el mundo reconoce
"Hay imágenes de Lisboa que aparecen en todas las guías, y la mayoría están tomadas desde aquí. Los paneles de azulejos del siglo XVIII que flanquean la terraza representan la Praça do Comércio antes del terremoto de 1755 y la conquista del Castelo a los moros. Las buganvillas moradas que trepar por la pérgola completan un escenario casi irreal."
El problema es que todo el mundo lo sabe. A mediodía el mirador se convierte en un hervidero de selfies y codos, y la magia se diluye entre el bullicio. Sin embargo, he descubierto que a primera hora de la mañana —hablo de las siete y media, cuando la luz todavía es suave y dorada— el lugar recupera su serenidad. Los únicos sonidos son el traqueteo del tranvía 28 pasando por detrás y el canto de algún pájaro madrugador.
💡Si buscas la foto perfecta sin nadie, ven entre semana antes de las ocho de la mañana. Los azulejos cuentan historias fascinantes: dedica unos minutos a observarlos de cerca antes de sacar el móvil.
3. Mirador das Portas do Sol — El vecino relajado
Apenas treinta metros separan este mirador del anterior, pero el ambiente cambia completamente. Aquí hay un quiosco donde pedir una cerveza fría o un café, bancos bajo los árboles, y una terraza amplia donde sentarse sin prisa. Las vistas son similares —Alfama desplegándose colina abajo hasta el río— pero la sensación es de estar en el salón de tu casa, no en una atracción turística.
La estatua de San Vicente, patrón de Lisboa, preside la explanada sosteniendo el barco con los dos cuervos que aparecen en el escudo de la ciudad. Por las tardes, músicos callejeros tocan fado o bossa nova, y el sonido se mezcla con el tintineo de los vasos y las conversaciones en media docena de idiomas. Es el lugar perfecto para hacer una pausa larga.
4. Mirador da Graça — Donde Lisboa huele a café recién hecho
"El quiosco que ocupa la esquina de este mirador lleva décadas sirviendo el mismo café a los mismos vecinos. Los domingos por la mañana se llena de familias locales que vienen a desayunar con vistas mientras los niños corretean por la explanada. Es uno de los pocos miradores donde sentirás que estás en un barrio de verdad, no en un decorado para visitantes."
La terraza es amplia y tiene sombra —algo que se agradece en verano— y las vistas del Castelo desde este ángulo son especialmente fotogénicas. Al fondo se distingue el estuario del Tajo y, en días claros, la otra orilla. El ambiente es tranquilo, conversaciones en portugués, periódicos abiertos sobre las mesas, perros tumbados a la sombra.
💡Pide el café con nata (natas de Belém en miniatura) del quiosco. Cuesta menos de tres euros y es el desayuno perfecto con vistas.
5. Elevador de Santa Justa — Ingeniería y panorámicas a partes iguales
Diseñado por Raoul Mesnier du Ponsard —discípulo de Gustave Eiffel— a principios del siglo XX, este ascensor de hierro forjado conecta la Baixa con el Barrio Alto salvando 45 metros de desnivel. La estructura neogótica parece sacada de una novela de Julio Verne, y subir en su cabina de madera es una experiencia en sí misma.
Arriba hay una terraza con vistas de 360 grados sobre los tejados de la Baixa, la colina del Castillo y el río. La entrada cuesta cinco euros, pero hay un truco: puedes acceder a la pasarela superior (gratis con la Lisboa Card) subiendo por las escaleras de las ruinas del Convento do Carmo, evitando la cola del ascensor y ahorrándote el billete.
💡Si decides subir en el ascensor, hazlo al final de la tarde. Las colas son más cortas y la luz del atardecer tiñe el hierro de tonos cobrizos que quedan espectaculares en fotos.
6. Castelo de São Jorge — La vista que lo abarca todo
"Hay que pagar entrada para acceder al recinto (quince euros), pero las murallas ofrecen la panorámica más completa de Lisboa. Desde aquí se entiende la geografía de la ciudad: cómo las colinas descienden hacia el río, cómo los barrios se conectan entre sí, cómo la luz cambia según la hora."
El Castillo tiene casi mil años de historia visible en cada piedra. Los pavos reales que pasean por los jardines, los restos arqueológicos de asentamientos fenicios, las murallas desde las que se defendió la ciudad contra invasores... Todo contribuye a una visita que va mucho más allá de las vistas. Reserva al menos dos horas.
7. Mirador de Santa Catarina — El alma alternativa de Lisboa
La estatua del Adamastor —monstruo marino de Os Lusíadas de Camões— vigila el río desde este mirador que se ha convertido en punto de encuentro de la Lisboa joven y alternativa. Por las tardes hay siempre alguien tocando la guitarra, vendedores de cervezas artesanales, y una mezcla de estudiantes erasmus, locales y viajeros que crea un ambiente difícil de encontrar en otro lugar.
Las vistas al Tajo y al puente 25 de Abril son espectaculares, especialmente cuando el sol se pone y la estructura del puente se recorta contra el cielo rojizo. No es un mirador para buscar tranquilidad, sino para dejarse llevar por la energía de una ciudad que sabe celebrar la vida.
8. Mirador de São Pedro de Alcântara — Jardín con vistas al Castillo
"En pleno Bairro Alto, este jardín en dos niveles ofrece una perspectiva privilegiada del Castillo y la colina de Alfama. El nivel superior tiene un mapa en azulejos que identifica cada edificio del horizonte, perfecto para orientarse los primeros días. El inferior es más tranquilo, con bancos a la sombra de árboles centenarios."
Es el mirador ideal para combinar con una noche por el Bairro Alto: ve al atardecer, cena en alguna de las tascas cercanas, y luego explora los bares del barrio. La zona cobra vida a partir de las diez de la noche.
9. Terraza de LX Factory — Lisboa industrial y contemporánea
Este antiguo complejo industrial reconvertido en espacio creativo tiene varias terrazas con vistas privilegiadas al Puente 25 de Abril. La más conocida es la del restaurante Rio Maravilha, donde puedes comer o tomar algo mientras los coches cruzan el puente a la altura de tus ojos.
LX Factory merece una visita en sí mismo: tiendas de diseño, librerías, galerías, street art... Combinar la exploración del mercado con un brunch con vistas es uno de los mejores planes de domingo en Lisboa.
10. Teleférico del Parque das Nações — La Lisboa del siglo XXI
"El barrio que acogió la Expo 98 ofrece una Lisboa completamente diferente: arquitectura contemporánea, paseo marítimo ordenado, el Oceanário... El teleférico recorre el frente fluvial ofreciendo vistas aéreas del Tajo y la torre Vasco da Gama."
Es el mirador perfecto si buscas algo distinto al Lisboa clásico de tejados rojos y tranvías. La zona tiene también buenos restaurantes junto al agua y es ideal para pasear en bicicleta.
Planifica tu ruta de miradores
Intentar ver todos estos miradores en un día es una receta para acabar agotado y con las piernas doloridas. Mi consejo es elegir tres o cuatro que encajen con tu ruta del día y dejar los demás para otras jornadas. En nuestros itinerarios incluimos rutas optimizadas que conectan miradores cercanos sin subidas innecesarias, con horarios específicos para cada uno según la luz y la afluencia.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es el mirador más bonito de Lisboa?
¿Qué mirador es mejor para fotos?
¿Se pueden visitar varios en una tarde?
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