Se diferencian por la vista que abarcan, por dónde están y por lo que hay alrededor: si tienen sombra, si hay un quiosco, si uno puede sentarse. Y también por cómo se enlazan entre sí, porque algunos quedan a un par de minutos a pie y otros al otro lado de la ciudad. Esta guía recoge diez con ese criterio, con lo que se ve desde cada uno y lo que conviene saber antes de subir.
1. Mirador da Senhora do Monte — El preferido de quienes viven aquí
Está en el punto más alto del barrio de Graça y se sube por calles residenciales. Arriba se abre una panorámica de 180 grados que abarca desde el Castelo de São Jorge hasta el Puente 25 de Abril.
La pequeña ermita que da nombre al lugar añade un toque de solemnidad. No hay quiosco ni cafetería —solo bancos de piedra y una explanada donde sentarse—, así que conviene llevar algo de beber.
Tip local
Si vas al atardecer, cuenta con llegar entre media hora y tres cuartos antes.
2. Mirador de Santa Luzia — La postal que todo el mundo reconoce
Es la terraza que aparece en buena parte de las postales de la ciudad. Los paneles de azulejos que la flanquean son del siglo XX, obra de António Quaresma realizada en la Fábrica Viúva Lamego, y representan la antigua Praça do Comércio antes del terremoto y la conquista cristiana de Lisboa. Sobre la pérgola trepan buganvillas.
También es de los más visitados: en las horas centrales del día se llena, y a primera hora está bastante más tranquilo. El tranvía 28 para justo delante, en el Largo de Santa Luzia.
Tip local
Entre semana y a primera hora hay menos gente. Y merece la pena mirar los azulejos de cerca antes de sacar el móvil: cuentan dos episodios concretos de la historia de la ciudad.
3. Mirador das Portas do Sol — El vecino relajado

Está a un par de minutos a pie del anterior, pero funciona de otra manera. Hay un quiosco donde pedir un café o una cerveza, bancos bajo los árboles y una terraza amplia. Las vistas son parecidas —Alfama bajando hasta el río— con la diferencia de que aquí uno puede quedarse un rato.
La estatua de San Vicente, patrón de Lisboa, preside la explanada sosteniendo el barco con los dos cuervos que aparecen en el escudo de la ciudad.
4. Mirador da Graça — Donde Lisboa huele a café recién hecho
En la explanada hay un quiosco con esplanada, la Esplanada da Graça, abierta desde 1992. Está en pleno Largo da Graça, con vida de barrio alrededor.
La terraza es amplia y tiene sombra de pinos, algo que se agradece en verano. Desde este ángulo se ve el Castelo y, al fondo, el estuario del Tajo.
Tip local
El nombre oficial del mirador es Miradouro Sophia de Mello Breyner Andresen, aunque se le conoce como Miradouro da Graça.
5. Elevador de Santa Justa — Ingeniería y panorámicas a partes iguales

Antes de ir
CARRIS lo marca actualmente como cerrado temporalmente. Conviene consultar su web oficial antes de acercarse: no hay fecha de reapertura anunciada.
Diseñado por Raoul Mesnier du Ponsard a principios del siglo XX, este ascensor de hierro forjado, con una estructura de 45 metros de altura, conecta la Baixa con el Largo do Carmo, en el Chiado. La estructura neogótica parece sacada de una novela de Julio Verne, y subir en su cabina de madera es una experiencia en sí misma.
Arriba hay una terraza con vistas de 360 grados sobre los tejados de la Baixa, la colina del Castillo y el río. Conviene distinguir dos cosas que suelen confundirse: el viaje en el ascensor, que forma parte de la red de transporte de Carris, y la entrada al miradouro de la torre, que se paga aparte —cinco euros— y no está incluida en la Lisboa Card.
6. Castelo de São Jorge — La vista que lo abarca todo

La entrada general cuesta 17 euros, con tarifas reducidas para jóvenes y mayores de 65 años y entrada gratuita para menores de 13. Desde las murallas se obtiene una panorámica muy amplia de Lisboa y el Tajo. Desde aquí se entiende la geografía de la ciudad: cómo las colinas descienden hacia el río, cómo los barrios se conectan entre sí, cómo la luz cambia según la hora.
La colina lleva ocupada mucho más tiempo que el castillo: el vestigio más antiguo del recinto es un asentamiento de la Edad del Hierro, del siglo VII a. C., en contacto con navegantes fenicios. La fortificación que se visita hoy es medieval, muy posterior. Por medio quedan los pavos reales que pasean por los jardines y las murallas que se pueden recorrer. Es una visita larga.
7. Mirador de Santa Catarina — El alma alternativa de Lisboa
La estatua del Adamastor —el gigante de Os Lusíadas de Camões que personifica el Cabo de las Tormentas— vigila el río desde este mirador, que es un punto de encuentro conocido, sobre todo por la tarde.
Mira al Tajo y al Puente 25 de Abril, que al atardecer se recorta contra el cielo. No es un mirador para buscar tranquilidad.
8. Mirador de São Pedro de Alcântara — Jardín con vistas al Castillo
En pleno Bairro Alto, este jardín en dos niveles mira al Castelo y a la colina de Alfama. El nivel superior tiene un panel de azulejos que identifica lo que se ve en el horizonte, útil para orientarse los primeros días. El inferior es más tranquilo, con bancos a la sombra.
Encaja bien con una noche por el Bairro Alto: subir al atardecer, cenar en alguna tasca cercana y luego bajar a los bares. La zona se anima tarde.
9. Miradouro do Torel — El jardín sobre la Avenida da Liberdade
Está dentro del Jardim do Torel, un jardín público con origen en una quinta del siglo XVIII. Desde él se abren vistas amplias sobre el valle de la Avenida da Liberdade, con la colina de São Roque enfrente.
Se sube en el Elevador do Lavra o se llega a pie por la Rua do Telhal. Mira hacia el interior de la ciudad y no hacia el río, así que da una perspectiva distinta de la de los miradores de Alfama.
10. Teleférico del Parque das Nações — La Lisboa del siglo XXI

El barrio que acogió la Expo 98 ofrece una Lisboa distinta: arquitectura contemporánea, paseo marítimo y el Oceanário. El teleférico recorre el frente fluvial con vistas aéreas del Tajo y de la Torre Vasco da Gama.
Es la opción si buscas algo distinto a la Lisboa clásica de tejados rojos y tranvías. La zona tiene restaurantes junto al agua y carril bici.
Planifica tu ruta de miradores
Verlos todos en un día no tiene mucho sentido: son cuestas y algunos quedan lejos entre sí. Mejor elegir tres o cuatro que encajen con la ruta del día y dejar el resto para otra jornada. En nuestros itinerarios incluimos rutas que conectan miradores cercanos sin subidas innecesarias, con indicaciones de hora según la luz y la afluencia.



